TERCER DÍA: La Virgen de Luján nos invita a no dejar de maravillarnos ante los signos que Dios realiza entre nosotros.
Para ir hacia el norte, desde Buenos Aires, la carreta que llevaba las imágenes de la Virgen debía hacer varias paradas. La segunda fue cerca del río Luján, en la estancia de Rosendo (actualmente Villa Rosa, partido de Pilar). Fue en ese lugar donde ocurrió el milagro: como la carreta no podía avanzar decidieron descargarla; y sucedió que al bajar uno de los cajones avanzaba normalmente. Si se cargaba ese cajón, volvía a detenerse. Al abrirlo, encontraron la imagen de la Limpia y Pura Concepción. Conmovidos, el negro Manuel y otros testigos, entendieron que la Virgen había elegido ese lugar y decidido quedarse allí.
Hoy también reconocemos en ese signo el amor que Dios nos tuvo, y el modo admirable en el que quiso dejar a su Madre entre nosotros, antes de que fuéramos nación.
LEAMOS CON ATENCIÓN LA PALABRA DE DIOS:
Del evangelio de san Marcos:
“La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios diciendo: ‘Nunca hemos visto nada igual’.” (2, 12)
RECEMOS AHORA CON UN SALMO:
SALMO 117
Antífona: Alaben al Señor, todos los pueblos.
¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos!
Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. Aleluya.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo...
Antífona: Alaben al Señor, todos los pueblos.
Intenciones:
- Siempre recordaré, mientras viva, el milagro que se produjo en mí en 1999... Ayudaste a mi matrimonio y a mi familia toda. Te pido, Madre, la bendición y la protección para todos...
- Virgen de Luján: gracias por haberle curado a mi esposo...
- Virgencita de Luján: te doy gracias por haberme escuchado en el momento que te necesité. Gracias por haber ayudado a mi bebé a salir del problema que tuvo cuando nació.
- Vengo a tus pies, mi Santa Virgen de Luján, a cumplir con mi promesa, casi ya cumplida por tus plegarias... Ya podemos decir: “nuestra casa”, ya la tenemos, de por vida te rezaremos por esta bendición.
- Virgencita querida, te pido que hagas el milagro por el bien de mis nietitos, de mis hijos y toda mi familia. Gracias. Una abuela desesperada.
(Podemos agregar otras oraciones.)
Padre Nuestro...
Dios te salve, María...
Gloria al Padre, al Hijo...
ORACIÓN FINAL:
Virgencita de Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina, ¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús, en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén. |