Misterios gloriosos: (miércoles y Domingos):
1. En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección de Jesús. Los discípulos escondidos y con temor recibieron la visita de Jesús resucitado que les dijo: "La paz esté con ustedes" y se llenaron de alegría. Contemplando este misterio pidamos el don de la Paz para nuestros hogares y nuestro mundo.
2. En el segundo misterio glorioso hacemos memoria de la ascensión de Jesús al cielo: Dice el evangelio de san Lucas que Jesús resucitado llevó a los discípulos cerca de Betania y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios. Pidamos por los que están solos y tristes; por los que más necesitan fortaleza.
3. En el tercer misterio glorioso contemplamos la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles. En el día de Pentecostés, estando reunidos sintieron como una ráfaga de viento. "Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse". Ahora todos podían entender la Buena Noticia. Pidamos el mismo Espíritu para que haya entendimiento y comprensión entre nosotros y que los que gobiernan busquen la unidad y la paz.
4. En el cuarto misterio glorioso recordamos la Asunción de la Virgen María al Cielo La Virgen inmaculada; "llena de gracia", como le dijo el ángel tuvo un lugar único en la historia de nuestra salvación y lo sigue teniendo. Gloriosa en el cielo, actúa en la tierra manifestando el poder de la única mediación de Cristo, su Hijo, al que está unida de modo admirable. Confiamos a la intercesión de la Virgen a todos los que sufren.
5. En el quinto misterio glorioso contemplamos a la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado. Llevada al ciclo, es elevada por Dios como Reina del Universo, para que sea más conforme a su Hijo Jesús, nuestro Señor, el vencedor del pecado y de la muerte. La Virgen María en el Cielo es como un anticipo de la resurrección de los demás cristianos. Por eso le pedimos que vele por nuestra esperanza. |