Rosario del Santuario - Misterios dolorosos
 

Misterios dolorosos (martes y viernes)

1. En el primer misterio doloroso recordamos la oración de Jesús en el huerto: Alli Jesús dijo a los que lo acompañaban: “Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo”. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: “Padre mío, si es posible, que pase lejos de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Contemplando a Jesús, pidamos por los que sufren tristeza y angustia; que no se sientan solos y encuentren fuerza en la oración.

 

2. En el segundo misterio doloroso recordamos la flagelación de Nuestro Señor Jesucristo. Dice el evangelio de san Juan que Pilato, después de interrogar a Jesús, se dirigió a los que lo acusaban y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”. Ellos comenzaron a gritar diciendo: ¡A él no, a Barrabas! Barrabas era un bandido. Pilato mandó entonces azotar a Jesús". Pidamos que el Señor sostenga a los que sufren el azote de la injusticia.

 

3. En el tercer misterio doloroso recordamos la coronación de espinas de Jesús. Dice San Juan, en el evangelio: "Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo y acercándose, le decían: ¡Salud rey de los judíos!, y lo abofeteaban". Pidamos al Señor que dé fuerza a los que trabajan por la justicia y la paz.

 

4. En el cuarto misterio doloroso contemplamos a Jesús con la Cruz a cuestas, camino hacia el Calvario. Dice San Juan que Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo, "Gólgota". Pidamos a Dios la fortaleza y la esperanza necesarias para llevar nuestras propias cruces.

 

5. En el quinto misterio de dolor contemplamos la crucifixión y muerte de Jesús. Dice el evangelio de San Marcos: "Al mediodía se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?". Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "está llamando a Elías". Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber, diciendo: "Vamos a ver si Elías viene a bajarlo". Entonces Jesús dando un gran grito expiró" No contemplamos la muerte de Jesús para sufrir, sino para que se renueve nuestra esperanza. Pidamos, entonces, con fe por nuestros difuntos y por aquéllos que han perdido a un ser querido.

 

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Fuente: www.basilicadelujan.org.ar

 
 
     
     
 
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