El 8 de diciembre pasado, coincidiendo con las fiestas de la Inmaculada Concepción de María, arribaron a la Basílica de Luján las imágenes de la Virgen de Guadalupe y el Cristo Negro. La travesía duró ocho años y se extendió 24.000 km. finalizando en esta ciudad, centro espiritual del catolicismo. Los fieles les rindieron homenaje durante tres jornadas de alegre celebración, plenas de expresiones culturales.
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Los Fieles se dirigen a La Basílica de Luján |
El 12 de diciembre de 1992 habían partido de la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe, en México, encabezando una peregrinación que recorrió veinticuatro mil Km. para rendirles su homenaje.
Acompañadas por bandas de músicos regionales y peregrinos de toda América, muchos de ellos vestidos con coloridos trajes típicos.
Las imágenes fueron llevadas en procesión hasta el altar mayor de la Basílica, donde culminó su recorrido, rodeados de fieles visiblemente conmovidos que alargaban sus manos para tocarlas.
Las banderas de países Latinoamericanos daban cabal muestra de la diversidad de naciones que estuvieron representadas en tan importante ceremonia. Los lemas de la peregrinación fueron: "Santa María de Guadalupe, Madre y evangelizadora de América" y "Por la unidad y la vida de nuestros pueblos"
"América Latina es mía"
la misa de llegada de las imágenes fue presidida por el Arzobispo de la Diócesis Mercedes - Luján, Monseñor Rubén Di Monte, y concelebrada, entre otros, por Monseñor Juan Antonio Presas y el Padre Carlos Pucheta, Rector de la Basílica. En la homilía, Mons. Di Monte conmovió a los fieles con el relato de una experiencia vivida en 1992 en México, cuando se encontró con una mujer cuyo hijo había sobrevivido 30 días entre los escombros. La mujer había ido a agradecer a la Virgen de Guadalupe y el niño se puso nervioso y dijo ¡Mamá, Mamá, esa es la señora que todos los nos trae de comer!.
Luego del relato, Mons. Di Monte instó a los fieles a pedir alimento a la Virgen, y oró: "dales trabajo en cuanto de ti dependa. Ilumina a sus gobernantes para que busquen el bien de su pueblo y no el provecho personal de sí mismo o de sus partidos. Pero sobre todo madre, danos el pan de la Eucaristía, desde aquí hasta la e ternidad".
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